La solemnidad del Corpus Christi volvió a sentirse intensamente en Alhaurín de la Torre, donde las calles del municipio se convirtieron en escenario de una procesión cargada de recogimiento, fe y tradición. La presencia del Santísimo Sacramento recorriendo el corazón del pueblo fue acompañada por el respeto de cientos de fieles que, un año más, no quisieron faltar a esta cita con la espiritualidad.
Desde primera hora de la mañana, la comunidad parroquial se reunió en torno al altar mayor para la celebración de la Santa Misa, que dio inicio a las 9:00 h. A su término, el cortejo eucarístico partió por las calles del casco antiguo, arropado por los sones de la Banda Municipal, que interpretó piezas litúrgicas tan significativas como Pescador de hombres y el Himno Nacional en los momentos de bendición.
Un pueblo unido por el Santísimo
La procesión estuvo protagonizada, como es tradicional, por los niños y niñas que este año han recibido su Primera Comunión, quienes, ataviados con sus trajes, rindieron homenaje al Santísimo esparciendo pétalos de flores a su paso. A cada esquina, a cada altar, el silencio reverente y la mirada devota de vecinos y visitantes hablaban por sí solas del profundo significado de esta jornada.
Los altares, cuidadosamente preparados por hermandades, asociaciones y familias, representaban no solo una expresión estética, sino una ofrenda de amor y fe. Entre ellos, destacó el de la Cofradía de los Verdes, que situó el Lignum Crucis como símbolo de redención. El Barrio Viejo volvió a rendir tributo a su historia con un montaje tradicional, mientras que en la plaza de San Sebastián, las vecinas decoraron la entrada con cañas veras, en un emotivo guiño a las costumbres de antaño.
También se sumaron con entusiasmo la familia Peña Morales, la Agrupación Rociera, que desde hace dos años prepara un altar en la casa de Sebastián “el Caracol”, y la Hermandad de los Moraos, cuyo altar cerraba el recorrido con una majestuosa imagen de la Inmaculada Concepción.
Una manifestación de fe y comunidad
Al paso del Santísimo, el incienso, las flores, la música y el silencio componían una estampa que evocaba lo más profundo de la tradición católica. Este acto no solo representa una procesión, sino una auténtica manifestación de fe viva, compartida entre generaciones y transmitida con respeto por quienes hacen del Corpus una jornada inolvidable.
La procesión finalizó con la entrada del Santísimo en el templo parroquial y la bendición final impartida por el párroco, don Manuel Córdoba, culminando una mañana donde la fe, la devoción y la identidad religiosa de Alhaurín de la Torre brillaron con luz propia.

